Hablar de turismo responsable en Canarias sin abordar la conectividad aérea deja fuera una parte importante de la conversación. Pero reducir el debate a volar o no volar tampoco ayuda a una empresa a distinguir qué puede decidir, qué puede influir y qué necesita analizar a escala de destino.
El Informe Medioambiental sobre la Aviación Europea 2025 de EASA examina impactos climáticos, ruido y calidad del aire. También recuerda que el efecto climático de la aviación no se limita al CO2. Ese contexto invita a comunicar con precisión y a no presentar una mejora local como solución a todos los impactos del viaje.
Primera pregunta: ¿qué alcance estamos midiendo?
Un alojamiento puede calcular determinados consumos de su actividad y no haber incluido el desplazamiento de sus huéspedes. Una experiencia puede analizar su operación sin abarcar el viaje completo del visitante. Ambos ejercicios pueden ser útiles si su alcance se explica.
El problema aparece cuando un resultado parcial se comunica como una característica total de las vacaciones. Antes de usar una cifra, indiquen qué actividades incluye, cuál es su unidad y qué queda fuera.
No sumen resultados de metodologías distintas sin comprobar su compatibilidad. Las estimaciones pueden servir para explorar decisiones, pero no deben presentarse con una precisión que los datos no permiten.
Segunda pregunta: ¿qué decide realmente nuestra organización?
Distingan decisiones propias, capacidad de influencia y cuestiones externas. Una empresa puede organizar mejor la movilidad de su equipo o la información de llegada. Puede conversar con socios sobre productos y condiciones. No controla por sí sola tecnologías, infraestructuras o políticas de transporte.
Esta distinción evita dos extremos: atribuirse capacidad para resolver todo o utilizar la falta de control total como motivo para no hacer nada. El trabajo empieza por acciones coherentes con el ámbito real de decisión.
Pongan cada propuesta en una de esas tres columnas y asignen un siguiente paso. Algunas requerirán una actuación interna; otras, una alianza o una conversación con quien tenga competencias.
Tercera pregunta: ¿estamos optimizando una cifra o una experiencia completa?
Una decisión comercial puede mejorar un indicador y empeorar otros. Por ejemplo, distribuir un desplazamiento entre más días modifica una medida por día, pero no elimina las emisiones del viaje ni permite ignorar los recursos consumidos durante la estancia.
Por eso conviene mirar conjuntamente desplazamiento, actividad en destino, uso de recursos y beneficios que se pretende generar. No existe una duración universal que convierta cualquier viaje en sostenible.
Las propuestas deben considerar también necesidades y posibilidades de las personas. Comunicar alternativas útiles es distinto de imponer una receta que no tiene en cuenta acceso, tiempo o condiciones de viaje.
Cuarta pregunta: ¿qué beneficio permanece en el territorio?
Revisen relaciones con proveedores, condiciones de trabajo, colaboraciones y uso de recursos locales. No utilicen el número de visitantes como única medida del valor de una actividad.
La contribución debe describirse con hechos: qué se contrata, con quién se colabora y qué condiciones se mantienen. Eviten afirmar que todo gasto se queda en el territorio sin disponer de un análisis que lo respalde.
Tampoco compensen en el discurso un impacto ambiental con un beneficio social como si fueran magnitudes intercambiables. Pueden formar parte de una evaluación conjunta, pero deben explicarse por separado.
Quinta pregunta: ¿qué mensaje estamos trasladando al visitante?
Una comunicación responsable puede reconocer límites y ofrecer opciones concretas. No necesita culpabilizar a quien viaja ni prometer que una actividad borra la huella de su desplazamiento.
Expliquen las alternativas que realmente existen y las condiciones para utilizarlas. Si una opción requiere reserva, tiene horarios o no resulta adecuada para determinadas necesidades, incluyan esa información.
No usen expresiones como viaje sin impacto o neutralidad total a partir de una aportación voluntaria o una medida aislada. Las afirmaciones ambientales necesitan un respaldo y un alcance coherentes con lo que se comunica.
Ejemplo hipotético: revisar una propuesta de escapada
Una empresa promociona una escapada con un mensaje genérico de sostenibilidad. Al revisar la oferta, identifica que solo había considerado algunas prácticas del alojamiento y que la información sobre desplazamientos en destino era insuficiente.
Decide precisar sus afirmaciones, mejorar instrucciones de llegada y presentar opciones de actividades que puedan organizarse con menos desplazamientos innecesarios. También revisa cómo se distribuye el trabajo con sus colaboradores.
El caso es ficticio. No demuestra una reducción cuantificada ni establece una comparación entre medios de transporte. Muestra una forma de actuar sobre decisiones propias sin atribuirse resultados que no se han medido.
Una conversación de destino que admita tensiones
Conectividad, actividad económica, acceso, emisiones y bienestar pueden plantear intereses y restricciones diferentes. Un debate útil no necesita ocultarlos bajo una etiqueta única.
Pregunten qué información ayudaría a decidir mejor, qué efectos deben observarse y quién debe participar. Distingan datos del conjunto del destino, datos de una actividad y opiniones sobre prioridades.
Eviten utilizar una estadística europea como si describiera directamente una ruta o una empresa canaria. La escala y el contexto de los datos forman parte de su significado.
Tres decisiones de trabajo para una pequeña organización
La primera es revisar el alcance de sus mensajes ambientales. La segunda, mejorar las opciones e información que ofrece dentro de su capacidad. La tercera, identificar un asunto que necesite colaboración con otros actores.
Para cada una, definan responsable, información necesaria y forma de seguimiento. No hace falta anunciar una gran transformación para empezar a gestionar mejor una parte del problema.
Si se realizan estimaciones, documenten supuestos y límites. Si no hay datos suficientes para cuantificar un efecto, expliquen la actuación sin convertirla en una cifra inventada.
¿Qué puede cambiar su organización para mejorar la experiencia y reducir impactos evitables, sin afirmar que controla todo el viaje? Esa pregunta permite una conversación más honesta y operativa sobre conectividad y turismo responsable.
